Ruta de Girasol 2012 (La primera). Por Pepe López Falcón

Author: admincamm, 12 noviembre, 2014, Leave a comment

17 de marzo de 2012. La jornada empezó a las seis menos cuarto de la mañana. La infusión de cáscara de naranja hizo su efecto y me sentí perfectamente descansado. Sentí que el sueño de 7 horas había sido reparador.

Me zampé un buen desayuno (plátanos, café, magdalenas, pan con miel, naranjas): todo era poco para la jornada atlética de aúpa que me esperaba.

A las siete y veinte, Andrés como un clavo llega a Flor de Retama. Saludos, unas fotos(hechas por mi mujer), todo preparado para iniciar la marcha. A la hora prevista arrancamos: eran las 7 y media. Ya el Sol asomaba por el horizonte: preciosa estampa a la salida de Sevilla. Además, vamos recorriendo de oeste a este, con lo cual vemos allá al fondo el astro rey cómo va subiendo.

Primeros kilómetros a 11 por hora, velocidad que por otra parte fuimos manteniendo durante una enorme cantidad de tiempo. Un pequeño contratiempo sobre el km 3.La poca agua de días atrás había sido suficiente para forma un charco por el camino que llevábamos. A pasito corto fuimos sorteando el charco por donde pudimos. Más adelante, otra sorpresita. Un río de agua, parece que agua que desembalsaban de un campo de por allí. Afortunadamente no cruzaba el camino que llevábamos. Si no, habría tocado un poco de natación.

Sin apenas esfuerzo pasamos la fábrica de la Heineken, la cárcel de mujeres, la hacienda San Agustín, el molino romano. Llevamos 7 kilómetros. Vamos charlando tan tranquilos, comentando el día tan bueno que hacía (apenas viento, temperatura ideal). En el km 19, las rampas de llegada al Viso las subimos con paciencia y bajando el ritmo, como debe ser. Pero los 11 km por hora se mantenían.

Entrada en el Viso, donde esperaba mi hermano Manuel con su todoterreno. Sensacional la labor de mi hermano en todo momento: facilitándonos el avituallamiento, haciendo vídeos y fotos, dando palabras de aliento. Chapeau.

La salida del Viso, en plan Picapiedra, nos embalamos un poco. La euforia nos invade. Pero no tardamos mucho en darnos cuenta de que había que retenerse, que no llevábamos ni la mitad del recorrido.

En el km 27 Andrés le cede el relevo a Alcedo. Despedimos a Andrés. ¿Qué decir de la labor de Andrés en la RG que no se haya dicho ya? Alma mater de esta carrera. Sin su labor en el diseño de la ruta, en el sondeo del terreno, crucial.

En ese punto se acaba el asfalto por el que veníamos desde el Viso. Empieza, hasta la llegada a Marchena, un recorrido a base de caminos de diferente tipo: unos más fácilmente transitables, otros no tanto.

Hacia el km30 se incorpora a la ruta Juan Ponce, del club ciclista de Marchena. Fue de agradecerla llegada de Juan que, con su conversación, me hizo más llevadero el camino. Además sirvió de enlace entre mi hermano, que llevaba el avituallamiento, y yo.

A pesar de tomar mi gel religiosamente cada hora, llegaba la hora de sufrir. Hacia el km32, casi 3 horas de carrera, mis piernas empiezan a bloquearse. No van tan fluidas como antes. Empieza la agonía. “Solo” me quedaban por delante 17 km, no menos de hora y media. Tuve que echar mano desde entonces de toda mi resistencia mental, puesta en práctica ya en tantos maratones. Reduzco mi paso, aprieto los dientes y tiro palante. Intento desalojar de mi cerebro los pensamientos negativos y solo pensar en positivo.

Sobre el km36, una sorpresa. Allá a lo lejos divisamos a varios corredores del club Maratón Marchena. Otra inyección de moral y más responsabilidad para mí. No podía defraudar a esta gente.

Los kilómetros a partir de ahora pasan muy lentos… El ritmo cae muy por encima de los 6 minutos… Llegó la hora de pensar únicamente en llegar, llegar a este ritmo.

La verea de Sevilla. Llevo 41´5 kilómetros entre pecho y espalda. Quedan 8´5 km, que, estos sí, se hacen eternos. Los numerosos repechos que jalonan el recorrido me van mermando. Afortunadamente en las bajadas recupero algo, incluso marco una buena zancada.

Ya se ve Marchena al fondo. Se me hace un nudo en la garganta, de la emoción, que me durará hasta la llegada. La emoción alcanza cotas increíbles cuando veo que se bajan del coche de mi hermano mi madre, mi sobrino, mi sobrina-nieta y mi hermana. Incluso mi sobrina-nieta Paula y mi hermana Amparo corren unos metros conmigo. ¿Se puede pedir más?

Apenas un par de kilómetros para llegar al pueblo. Allí aparecen la mujer de Alcedo y sus niños, junto con Chico, un compañero del club. Más emoción.

Entrada en Marchena. ¡Lo he conseguido!. El momento soñado está al alcance de mis manos(mejor dicho, de mis pies). Llegó la hora de afrontar el barranco (fuerte cuesta a la entrada del pueblo). Los primeros metros decido, en lugar de correr, hacer una especie de marcha a grandes pasos. Marcho unos metros, unos 100, apenas 30 segundos. Pero mi voz interior me dice “¡Corre! Está hecho. Lo tienes ahí”. Hago caso y empiezo a trotar otra vez.

Llega la curva de la calle Puebla. Solo faltan 300 metros para la calle Paradas. No sé de dónde saco las fuerzas para acelerar de una manera bestial, en plan Fernando Alonso.

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